De vuelta al campo de batalla...

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20 de Agosto del 2007...

Miserable regreso a clases...

Hoy fue un día de hueva, de hecho, pude haber cargado 2 camiones de volteo con la huevonada que acumulé en todo el transcurso de la mañana y tarde. Después de haber festejado ayer domingo, hoy lunes me vi forzado a volver a la realidad debido al término de la temporada vacacional estudiantil. Así es. De vuelta a las aulas, con el propósito de aplastar a los ineptos y demostrar quién es el mejor. Comencé el día quedándome dormido. Irónico. La primera clase es a las 8 en punto de la mañana, y para mi sorpresa, desperté con el despertador en la cara, indicando las 7:59 AM. Tras un “ñe” me dispuse, amodorrado por el letargo real que disfruté, a desplazarme lentamente a la ducha donde me asearía con toda la calma del mundo.

Antes de irme al campo de batalla, me preparé bien con una sobredosis de cafeína en mi moka helado, mientras devoraba un tazón enorme de pastel. Si no sabes el por qué del pastel, eres un inconsciente maleducado. Llegando pasadas las nueve al salón indicado, con la sorpresa que una amargada menopáusica me entrega un examen diagnóstico como bienvenida al curso. Estimulado por la cafeína, me dispuse a escribir cuanto choro se me ocurrió para rellenar el papel y me dejaran en paz otro rato. Ya estaba en la universidad, sólo que no estaba preparado para aceptarlo.

Como sea, terminada la desagradable sorpresa, vino el clásico choro aburrido de bienvenida. Obviamente no estaba poniendo atención, más bien estaba pensando cuál de las supermodelos de Maxim se verían mejor en un traje de baño rojo escarlata. Terminada la clase, salí del salón y contemplé la lluvia que caía. Normalmente esto me agradaría, pero existe el pequeño detalle que con el asqueroso sol que hace, el bochorno haría acto de presencia un tiempo después. Como sea, mi siguiente hora estaba libre y me dispuse a caminar al minisúper de enfrente, para luego caminar a las “maquinitas” (videojuegos) que se encuentran a lado. Caminando por el pasillo, iba decepcionado de ver la misma gente aburrida de mi generación, montones de pelmazos reggaetoneros y desganado al haber pocas cosas de interés en el instituto. Al menos las mujeres de 2do. y 3er. semestre que acaban de aparecer, se ven bastante interesantes. Pronto mis feromonas de macho alfa tendrán trabajo.

Regreso de mi hora de descanso sin gran novedad, sólo que en la clase siguiente, el vago irresponsable del maestro no asistió a cumplir con su deber. Habrá que descontarlo de su paga e incendiar su auto para que aprenda a presentarse donde se le requiere. Al menos hay gente que me cae bien y puedo platicar con ellos mientras dejo pasar el tiempo. Me muevo al siguiente salón. Tras entrar, tomo un asiento donde veo con desagrado a mis compañeros y veo un montón de desadaptadas en un rincón, masticando chicle como prostitutas. Qué molesto, sólo les falta la etiqueta de “Cobro $50 más el cuarto”. Como ya tuve suficiente por ahora, me dispongo a aislarme dentro de mi mundo, quedando inmerso en mi realidad y separado de las demás personas en el salón. Enciendo el MP3. Puede que estén a dos o tres metros de distancia pero yo pronto estaré a años luz de ellos.

Yo siempre dicho que en tierra de reggaetoneros, el rockero es rey. Por eso, envuelto en miles de decibeles de música industrial y electro, saco de mi backpack (mochila, en castellano) un “mamut”... Si vives fuera de México, es una galleta gigante cubierta de chocolate. Lo devoro al instante y sigo pensando en mis planes a futuro. El color verde de las paredes me distrae y entro en un panorama de huevonada y apatía. Me retiro de la clase y regreso a jugar Marvel Vs. Capcom a las “máquinas”. Empiezo bien con una racha de 5 victorias aplastantes sobre los novatos arrogantes que creen que pueden derrotarme y de repente, el estúpido botón de patada fuerte se descompone. Básicamente es el segundo botón más importante de mi estrategia, así que sin él, mis ataques se ven truncados. Resignado, sigo jugando lo mejor posible y el “noob” me gana de una manera milagrosa, quedando con sólo un escupitajo de vida. En fin, ya vendrá el tipejo dueño de las máquinas y le dará mantenimiento a la máquina. Como sea, sé que soy mejor que ese asqueroso novato y me largo del lugar.

Regreso a la universidad y me pongo a pensar qué hago envuelto en este ambiente y recuerdo un viejo presagio. Los maestros siempre están predispuestos a alumnos perezosos, de tal manera que dándoles un 7 de calificación (el mínimo aprobatorio), tienen la errónea creencia de que ya cumplió su labor y el alumno se da por bien servido. Como sea, a la hora del campo laboral, veremos a quién mandan a chapolear el jardín, gusanos inmundos. Ese tipo de plagas son peor que traer una legión de erizos metidos en los boxers. Ojalá se murieran todos y nos dejaran a los alumnos con potencial.

A estas alturas, ya no sé qué tantas idioteces estoy diciendo, así que daré conclusiones. 35% de los maestros son unos idiotas, el 70% de los estudiantes son incompetentes y para rematar, Jedah es subestimado. Feliz regreso a clases.


J.




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